El Camino del Cóndor de Lucas González Rivas
Cómo pasamos de círculos pequeños leyendo a Bakunin y Kropotkin a estar ahora así, frente al mal. Bueno, supongo que se alcanzó cierto límite.
Cómo pasamos de círculos pequeños leyendo a Bakunin y Kropotkin a estar ahora así, frente al mal. Bueno, supongo que se alcanzó cierto límite.
Son ch’ixis porque son a la vez negros y blancos, o de un colorido manchado. No es síntesis, ni es hibridación, mucho menos fusión. Se mantienen esos opuestos.
Una atmósfera inquietante sobre la relación ambigua entre Luz y el bosque que bordea su hogar.
La fealdad no solo genera rechazo, sino también fascinación, pues permite observar los valores, temores y normas que organizan una cultura.
Un relato melancólico que narra, a modo de monólogo interno, la despedida de una pareja en un contexto represivo o de encarcelamiento.
Confrontar las distintas formas de represión, tanto en las instituciones como en las relaciones cotidianas.
La búsqueda de un hermano que ha entrado en una cueva, rápidamente se transforma en una experiencia sensorial marcada por la desorientación y la amenaza.
Una lectura anarquista de la apatía y la participación social.
Acá las rimas producen un efecto deliberadamente lúdico que contrasta con la dureza de las situaciones narradas.
Algo de nosotros tendrá que sucumbir al fuego, si queremos trascender a ese lugar donde recuperaremos la voz para hablar sobre nuestra felicidad.