La Pandemia es el Capitalismo

Sea cual sea su origen, a estas alturas da un poco lo mismo: LA PANDEMIA ES EL CAPITALISMO, o un nuevo y letal fruto de éste como consecuencia del extractivismo; arrasa y nos descontrola de manera global en una crisis sanitaria que pasa a económica, ya que el Estado cuida a toda garra al capital, creando así nuevos sistemas de explotación.

A un año del brote de la pandemia en nuestro territorio, intentamos analizar, no desde la certeza, porque en este contexto, nada es claro, nada es certero. Caminamos a paso incierto con datos y medidas confusas en donde de un momento a otro “lo que era”, ya no sirve y viene algo peor, otra cepa, un nuevo rebrote y donde lo único que aquí no cambia, es el miedo y la obediencia.

Considerando que nos encontramos en un momento de crisis al borde del colapso de este sistema capitalista, con disfunciones de todo tipo, ya sea naturales, económicas y sociales. Pareciera ser, que el virus no podía llegar en mejor momento. Cuando a raíz de todo esto ardían las revueltas en distintas partes del globo, una vez más la clase trabajadora, hartos de aguantar abusos e injusticias, salimos a las calles a manifestar nuestro descontento.

Parecía, por decirlo menos, “raro” o coincidencia, que justo a alguien en China comiera un murciélago infectado, provocando así esta nueva enfermedad que en cosa de días se convertiría en pandemia, cayendo como una bomba sanitaria, haciéndonos pensar a algunos/as, que solo es un cuento falso y que en realidad se trata de un “virus provocado” por quienes nos dominan.

Otras/os, profundizando más aun en tesis conspiratorias, pensaron en un ataque de EEUU a China, para desestabilizar su economía y que se había escapado de las manos. Eso vendría siendo una lucha de poderes, y que como ya hemos visto una y otra vez a lo largo de nuestra historia, somos las y los pobres quienes nos llevamos la peor parte.

Sea cual sea su origen, a estas alturas da un poco lo mismo: LA PANDEMIA ES EL CAPITALISMO, o un nuevo y letal fruto de éste como consecuencia del extractivismo; arrasa y nos descontrola de manera global en una crisis sanitaria que pasa a económica, ya que el Estado cuida a toda garra al capital, creando así nuevos sistemas de explotación. Lo que conlleva a que también se transforme en una crisis política, modificando y coartando nuestras relaciones sociales.

Por un lado está el virus, que es real ya que hay enfermos/as con síntomas y muertes que lo demuestran, pero por otra parte, está la manera en que los sistemas de poder han abarcado el problema sanitario. A todas luces se han aprovechado de la situación para establecer nuevos precedentes para la intervención y el control de Estado.

A ya casi un año y medio del brote pandémico a nivel global, se ha instalado un sistema de sociedad disciplinario, militarizado, en donde los medios de comunicación hacen lo suyo, cumpliendo un rol fundamental, instalando el pánico desde el día uno, avalando como siempre la voz del Estado, como única verdad incuestionable; entregando cifras confusas e infladas, recalcando una y otra vez la importancia del distanciamiento social y del “quédate en casa”; dando por sentado que todas y todos podemos hacerlo, sin pensar siquiera que para muchos/as, eso es todo un privilegio.

Las medidas nos llaman una y otra vez al confinamiento, a cuidarte del “otro”, nos hemos convertido en el “otro” del “otro”, transformando de a poco, y de manera solapada, las formas de relacionarnos, eliminando lo colectivo, llamando a encerrarte en tu pequeño grupo familiar, recurriendo nuevamente al miedo, disfrazado por responsabilidad hacia los/as tuyos/as.

¡Si no trabajamos, no comemos! Con esa frase fuimos criadas/os la mayoría y qué hacemos ahora, con un Estado que lo último que hace es cubrir nuestras necesidades, sino que eternamente las convierte en un negocio.

Durante todo este tiempo, la clase trabajadora ha tenido que solventar de su propio bolsillo y a peripecias lo que ha sido vivir esta crisis. El alza de precios de alimentos y consumos básicos, nos han callado la boca “a ratos” con los retiros de 10% de nuestros fondos previsionales, que han sido entregados luego de eternas discusiones y casi en forma de “favor” o beneficio, como si dichos fondos no vinieran de nuestros propios trabajos.

Se han encargado de redefinir, por así decir, cuáles son las actividades esenciales, dejando fuera todas aquellas que conciernen al afecto, deseo, creatividad, reduciéndolas solo a trabajo y operatividad. Porque al Estado nunca le ha importado la salud de “sus ciudadanos”, sino la salud de su economía. Por lo mismo, vemos como prácticamente juegan con los ritmos o secuencias de las cuarentenas o los horarios de los nefastos toques de queda –término que inmediatamente nos trae a la cabeza momentos de la Dictadura Militar–.

Entonces, bajo el contexto de crisis sanitaria, arriesgar la vida por la economía y funcionamiento del país está permitido –siempre y cuando lleves tu permiso–, mientras que la cultura y la acción política son consideradas actitudes criminales. La nueva normalidad es la de la obediencia, de la sumisión y la operatividad.

Este es un intento –o al menos ha servido– de evitar cualquier forma de confrontación, discusión, lucha, o el impedimento de crear redes de solidaridad que realmente permitan brindar apoyo entre nosotras y nosotros. Sin ir más lejos, como ejemplo, está el operativo de FFEE el 6 de marzo, en donde bajo el contexto de pandemia, se allanaron centros sociales y ollas comunes de forma sistemática en la Región Metropolitana.

El Estado teme a los frentes de lucha social, de ahí el obsesivo control policial. Se le asigna también al Ejército funciones de orden público. ¡Nos están quitando todo!, lo poco y nada de “libertad” que nos quedaba, y se normaliza cada día más la presencia de los agentes represivos en las calles.

Con esto, no queremos desmerecer las medidas de autocuidado frente a la situación, pero debemos estar conscientes de lo que nos quieren instalar como normalidad.

Hacemos un llamado a la resistencia, a buscar puntos de fuga, para el reencuentro, la solidaridad y el apoyo mutuo. Encontraron la excusa perfecta para coartar nuestra lucha y no lo podemos permitir. Por nuestra parte, también es un buen momento para la organización con quienes tenemos al lado, para formar redes en nuestros territorios, primero de apoyo, de conversación, dar pie a la propaganda y reorganizar la lucha… ¿Razones? Las tenemos de sobra.

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