Capitalismo + Drogas = Genocidio de Michael Cetewayo Tabor

Los Panteras Negras fue una organización política fundada en 1966, en EE. UU. que hizo frente a la desigualdad social, discriminación racial y de clase vivida por las personas negras.

por Fernanda Sierra

El Partido de Los Panteras Negras fue una organización política fundada en 1966 por los universitarios Huey P. Newton y Bobby Seale en Oakland perteneciente al Estado de California, EE. UU. y representó una de las fuerzas más importantes por los derechos humanos frente a la desigualdad social, discriminación racial y de clase vivida por los guetos de personas negras. Esta organización política se instaló en sus primeros años en los barrios del Estado de California desafiando la narrativa de la no violencia de líderes como Martin Luther King Jr. y abogando por la autodefensa armada, para lograr dar trinchera contra la violencia que ejercía la policía contra la comunidad negra del Estado de California.

Inicialmente, el Partido ganó notoriedad por sus patrullas de vigilancia armada, en las que los miembros, vestidos con sus icónicas chaquetas de cuero negro y boinas, seguían a los policías para documentar casos de brutalidad, enfrentándose muchas veces a ellos para reivindicar a su comunidad frente a las desigualdades sociales de discriminación racial que vivían. Su legado se hace notar no solo por la violencia que debieron desatar para lograr respeto, sino que los Panteras Negras entendieron que la liberación requería no solo de la confrontación, sino de la construcción de un programa que permitiera devolver la dignidad a la comunidad negra históricamente violentada y discriminada por blancas y blancos.

Una de las características más importantes del partido de Los Panteras Negras fue la acción directa, para lo cual crearon el «Programa de los Diez Puntos«, un manifiesto que exigía no solo el fin de la brutalidad policial y la opresión racial, sino de poder cimentar desde la lucha colectiva el bienestar para su comunidad.

Frente a su gran capacidad organizativa la mayoría de sus dirigentes fueron perseguidos/as, encarcelados/as y asesinados/as. Su historia es un recordatorio de cómo la opresión sistémica puede abrir formas de resistencia.

Dentro de esta labor los Panteras Negras identificó el consumo de drogas como uno de los mayores problemas que aquejaba a la comunidad negra y sobre todo a los y las jóvenes. Al respecto, consideraron que el consumo de drogas permitía un mayor control social por parte del Estado y problemas de marginación de los grupos comunitarios. También reconocieron que la incorporación de las drogas en los guetos negros de Estados Unidos no era una casualidad ni un problema moral, sino una manifestación deliberada de la opresión y la marginación hacia la comunidad negra. Michael Cetawayo, desde su posición como ex consumidor de drogas y dirigente importante del grupo de las Panteras Negras en Nueva York, utilizó su propia experiencia para construir este argumento.

En el libro “Capitalismo + Drogas = Genocidio”, Michael Cetawayo busca politizar la adicción y la venta de drogas, invitando al lector/a a rechazar la narrativa oficial del «consumidor/a problemático/a» y ver la situación como parte de la lucha de clases y una guerra racial, en la que el Estado es un facilitador de la incorporación de traficantes y drogas en los barrios marginales, y como a su vez el mismo sistema era parte de mantener el control y no entregar posibilidades de apoyo y bienestar para las comunidades. De hecho, cuando las y los jóvenes de clases más altas comenzaron a tener problemas de drogas el Estado asumió un rol mucho más activo frente al problema y así también en relación a la distribución de las drogas que posteriormente estaban en manos de personas blancas, mostrando así, como el sistema más que apostar por declararle la guerra al tráfico de drogas era parte de esto.

Su análisis se centra en cómo el Estado y el sistema capitalista utilizan el narcotráfico además de un lucrativo negocio, como una forma de socavar la resistencia política y marginar la vida de personas que se encuentran en posiciones de desventaja y desigualdad social. La obra acusa directamente al gobierno estadounidense, y en particular al FBI, de facilitar la distribución de heroína en los barrios negros. El objetivo, según Michael, fue desmovilizar a una generación de jóvenes radicales que se unían a movimientos como el de las Panteras Negras. La heroína se presenta como un agente de control social diseñado para desviar la energía de la revolución hacia la autodestrucción, la adicción y la dependencia.

Frente a esto, Los Panteras Negras desarrollaron los “Programas de Supervivencia”, en los que a partir de acciones concretas lograron construir soluciones en conjunto a diferentes comunidades, que incluían clínicas de salud comunitarias y la recuperación del Lincoln Détox Center, para la recuperación de personas que se encontraban en problemas de consumo de drogas. En estos espacios se ofrecía desintoxicación y atención médica fuera del sistema institucional, lo que se presentó como un acto revolucionario y de autogestión de un servicio que antes excluía a la comunidad negra. Para Michael y los Panteras Negras, la verdadera cura para la adicción no era la metadona o el encarcelamiento, sino la liberación de la opresión, a través de la educación y el uso de espacios en dónde lo comunitario fuera lo cotidiano. Estos programas demostraron que la comunidad podía organizarse y resolver sus propios problemas, quitándole el poder al Estado opresor.

Este libro no busca la reconciliación, sino ser testimonio de como la discriminación y el racismo ha involucrado el bienestar de la comunidad negra, perjudicando directamente la vida cotidiana de muchas familias, en donde el poco acceso a las necesidades esenciales, como alimentos, vivienda, educación y atención médica, generaron la marginalización de la comunidad. Para compensar esta negligencia estatal, el partido estableció una serie de programas comunitarios, entre los que se encontraban Programa de Desayuno Gratis para Niños, el cual se estableció para garantizar que niños y niñas tuvieran una comida nutritiva antes de la escuela, abordando la desnutrición en la comunidad. Las Clínicas Médicas Gratuitas las cuales ofrecían atención sanitaria básica a aquellos que no podían costearla. Los Panteras también fueron pioneras en la investigación y el diagnóstico de la anemia de células falciformes dentro de la comunidad negra. También levantaron los Programas de Vivienda y Empleo, en donde el partido luchaba por el pleno empleo y por una vivienda digna para todas y todos. Afirmaban que el Estado era responsable de garantizar estos derechos y, ante su inacción, propusieron soluciones comunitarias.

Estos elementos demuestran una vez más la incapacidad del Estado para desarrollar acciones de bienestar para las personas, así como la naturaleza opresiva del sistema capitalista que busca soslayar el bienestar común en función de las ganancias para unos pocos. Desde esta perspectiva el partido de los Panteras Negras se posicionó desde sus inicios rechazando la idea de una reforma gradual del sistema, tomando el control de las comunidades por parte de la gente e incentivando el uso de los espacios, la expropiación, y la creación de distintas acciones que buscaban sobrellevar la desigualdad social que vivían. Desde esta perspectiva, reconoce la guerra genocida de cual es parte y a partir de la acción genera estrategias de liberación y lucha contra ella. La conclusión de Michael en sus escritos es una reafirmación del viejo lema: «todo el poder para el pueblo«.

Capitalismo + Drogas = Genocidio es un libro que permite entender las raíces políticas de la crisis de las drogas, de cómo opera el poder para someter a la población a través del control social y desde las desigualdades en todo ámbito de la vida de las personas, marginándolas y encarcelándolas. El legado que dejan Los Panteras Negras en el relato se podría pensar como un arma ideológica y una metodología que invita a cuestionar las formas en que opera el poder en los distintos barrios y poblaciones marginales.

Por otra parte, las acciones culturales y artísticas comunitarias fueron iniciativas autogestionadas por los propios residentes en donde la utilización del arte y la cultura como herramienta para fortalecer los lazos sociales y abordar los problemas del barrio, fueron estrategias que favorecieron la participación activa de la comunidad, quienes decidían y ejecutaban los proyectos. A través de distintas actividades como la creación de murales, festivales o talleres, buscaban rescatar la identidad y la memoria local de los guetos. Estas acciones no solo mejoraron el entorno físico, sino que también empoderaron a la gente construyendo sentido de pertenencia y arraigo territorial.

Los Panteras Negras organizaron numerosas protestas y mítines para denunciar el racismo, la brutalidad policial y la injusticia económica. A menudo, estas acciones terminaban en confrontaciones con la policía, lo que a su vez generaba más apoyo para el movimiento y creaba conciencia sobre sus luchas.

Para Los Panteras Negras la organización y la acción directa eran herramientas esenciales para lograr la liberación de la comunidad negra y el cambio social. En lugar de confiar en el sistema político o en promesas de cambio gradual, el partido optó por hacerse cargo de sus necesidades, lo que se manifestó en el trabajo que desarrollaron con la comunidad.

Con este libro se puede concluir que la adicción a las drogas no es un problema aislado de la comunidad negra, sino una táctica deliberada del capitalismo y del gobierno de Estados Unidos para debilitarla y exterminarla, un acto que Michael Cetawayo califica de genocidio. En este libro se argumenta que el sistema capitalista y las instituciones de poder se benefician directamente de la propagación de drogas en barrios marginados. La venta y consumo de narcóticos desvía a las comunidades de la lucha por la liberación y la justicia social, destruyendo su capacidad de organizarse y resistir.

Este libro puede expresarse como una de las luchas organizativas en donde el Estado es el enemigo y única forma de combatir su táctica genocida no es a través de la rehabilitación individual, sino a través de la organización política y la lucha revolucionaria colectiva para desmantelar el sistema que se beneficia de la destrucción de ciertas comunidades.

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