Diez Tesis sobre Venezuela de Gabriel Teles

Lo que está en juego en Venezuela no es solo un recurso natural, ni un régimen específico, sino un nuevo patrón de tutela imperial.

Gabriel Teles, miembro de “Crítica Desapiedada” y del “Centro de Estudos sobre o Colapso Social”.

Artículo publicado en redes sociales de la Biblioteca Laín Díez de la Población La Bandera, Santiago de Chile.

Escribo sin la pretensión de ser un experto en geopolítica o en Venezuela. No hablo desde un campo disciplinario cerrado, sino desde el seguimiento atento y sistemático de las dinámicas de los conflictos internacionales, que llevo años observando con dedicación teórica y política. Los acontecimientos en torno a Venezuela deben leerse como parte de un proceso histórico más amplio, marcado por la crisis del orden internacional y la reorganización de las formas de dominación en las periferias del capitalismo.

El discurso dominante volvió a girar en torno a un viejo argumento (confortable tanto para los gobiernos como para parte de la izquierda) según el cual todo se explicaría por el petróleo.

Esta lectura, en verdad, oscurece más de lo que revela. En mi opinión, despolitiza el conflicto, apaga sus mediaciones de clase y desvía el foco de las transformaciones más profundas en curso del sistema internacional y en la propia América Latina. Lo que está en juego en Venezuela no es solo un recurso natural, ni un régimen específico, sino un nuevo patrón de tutela imperial, articulado con la reorganización interimperialista y la fragilidad estructural de las soberanías periféricas.

Las tesis que presento a continuación no pretenden ofrecer una explicación definitiva. Busco, más bien, organizar el terreno del debate, alejar las ilusiones recurrentes y recuperar criterios materiales para el análisis.


Tesis 1. Venezuela como expresión de una transición en la dinámica internacional.

Lo que pasa en Venezuela no es una desviación latinoamericana ni un exceso circunstancial. Es la expresión concentrada del momento histórico actual. La crisis de la hegemonía de Estados Unidos, la intensificación de la disputa entre las grandes potencias y el abandono progresivo de las mediaciones multilaterales han producido un escenario en el que las intervenciones vuelven a ser normalizadas. Venezuela, Ucrania, Palestina y Taiwán no son casos idénticos, pero responden a la misma lógica: la gestión violenta de una transición geopolítica.


Tesis 2. Recursos estratégicos y mediaciones geopolíticas.

La obsesión por el “petróleo venezolano” suele errar el blanco. El petróleo importa menos como fuente de energía y más como mediación financiera y geopolítica del dólar. A esto se suma un elemento cada vez más central: los minerales estratégicos y las tierras raras, decisivos para las cadenas tecnológicas y militares. América Latina reaparece como territorio clave de esta disputa, especialmente ante la expansión china en la región.

Tesis 3. Límites históricos de la soberanía periférica.

No hay que idealizar. PDVSA, la petrolera estatal venezolana responsable de la exploración, refinación y exportación de petróleo, nunca fue una ruptura anticapitalista. Siempre operó como una empresa estatal híbrida, integrada al mercado mundial, con asociaciones privadas y presencia de capital extranjero. El conflicto nunca ha sido el “socialismo”, sino el grado de autonomía política en la gestión de los recursos estratégicos. En tiempos de relativa estabilidad, esta soberanía limitada fue tolerada. En un contexto de disputa encarnizada, se vuelve intolerable.

Tesis 4. Las fracturas internas como condición para la injerencia externa.

Ninguna intervención externa se sustenta sin apoyo o pasividad interna. La prolongada descomposición del Estado venezolano, agravada por las sanciones, pero también por el autoritarismo y el agotamiento del pacto social, abrió espacio para fracturas en la burocracia política, militar y económica. Para sectores de estas élites, la injerencia externa puede aparecer como una oportunidad para reorganizar el poder, no como una amenaza.

Tesis 5. La lawfare (guerra legal) como técnica de legitimación de la excepción.

Las acusaciones criminales y el discurso de “aplicación de la ley” no son desviaciones retóricas. Forman parte de una estrategia consciente de lawfare internacional. El derecho pasa a funcionar como arma política, transformando el uso de la fuerza en procedimiento legal, la intervención en deber moral. No se trata de probar crímenes, sino de organizar narrativas. No se trata de probar crímenes, sino de crear condiciones de aceptabilidad política para la excepción permanente.

Tesis 6. Selectividad estructural del derecho internacional.

No estamos asistiendo al colapso de un orden jurídico universal, sino a la explicitación de su naturaleza histórica. El derecho internacional siempre operó de forma selectiva y jerárquica. La novedad es su descaro. La guerra se convierte en policía, la ocupación se convierte en gobernanza, la tutela se convierte en transición. La norma no desaparece, se somete abiertamente a la fuerza. El derecho internacional no entra en colapso. Funciona exactamente como siempre funcionó, solo que ahora sin pudor.

Tesis 7. La tutela imperial como forma contemporánea de dominación.

Cuando Washington habla de “administrar Venezuela hasta una transición adecuada”, el lenguaje revela más de lo que esconde. No se trata de justicia, democracia o estabilización institucional, sino de la gestión directa del territorio, el Estado y los recursos. Se trata de tutela con vocabulario técnico, de un protectorado presentado como solución administrativa.

Esta forma de dominación es compatible con un mundo en el que el imperialismo ya no precisa presentarse como una ocupación clásica. La tutela aparece como responsabilidad, la intervención como servicio, el control como auxilio. El poder se ejerce sin espectáculo, pero con profundidad estructural.


Tesis 8. Administración de la crisis y vaciamiento de la soberanía.

La ausencia de destrucción generalizada no es señal de contención humanitaria. Es racionalidad económica. El capital prefiere administrar antes que arrasar. Mientras los flujos sigan funcionando, los campos sigan operando, las exportaciones continúen y los mercados permanezcan calmos, la soberanía puede vaciarse sin grandes rupturas visibles.

Esta forma de dominación es más eficaz justamente porque es menos ruidosa. El territorio permanece “en pie”, pero políticamente desactivado. El Estado existe, pero opera bajo tutela. La violencia se desplaza del espectáculo de la guerra a la normalidad de la administración.

Tesis 9. El autoritarismo como efecto de la crisis internacional.

La inseguridad sistémica y el debilitamiento del orden multilateral empujan a los Estados periféricos hacia el nacionalismo defensivo, la militarización y la centralización del poder ejecutivo. La excepción se convierte en regla. La democracia se convierte en retórica.

En Venezuela, esto se ha expresado en la consolidación de un régimen cerrado. En otros países, aparece como expansión del aparato policial, el endurecimiento penal y la naturalización de la violencia estatal. El autoritarismo no surge como una desviación, sino como un efecto estructural de la crisis internacional combinado con las fragilidades internas.

Tesis 10. Centralidad del criterio de clase.

Las guerras interimperialistas tienen una enorme capacidad para capturar a la izquierda, disolviendo la política de clase en alineamientos automáticos. Reducir el antiimperialismo a ser solo antiestadounidense ignora que no existe un imperialismo bueno. China y Rusia no son alternativas emancipadoras, sino polos competidores.
El único criterio coherente sigue siendo el de clase. Quién decide, quién lucra, quién paga y quién muere. Sin esto, el antiimperialismo se convierte en un fetiche y la crítica en un adorno.

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