Luis Cusicanqui, Obrero, Indígena y Anarquista de la Región Boliviana
El anarquismo latinoamericano hace frente a realidades marcadas por el colonialismo, el racismo y la explotación.
por Nanda.
La historia del anarquismo latinoamericano ha sido narrada, durante mucho tiempo, desde perspectivas centradas en Europa y en las experiencias obreras urbanas vinculadas a la inmigración. Esta lectura redujo el anarquismo a una corriente política importada desde España, Italia o Francia, invisibilizando las formas originales que el pensamiento libertario adquirió en América Latina al entrar en contacto con las luchas indígenas y campesinas.
Existen experiencias históricas desarrolladas en países como México, Perú, Chile y Bolivia que logran dar cuenta que el anarquismo latinoamericano no fue una simple reproducción de modelos europeos, sino la construcción de las ideas libertarias desde realidades marcadas por el colonialismo, el racismo y la explotación.
En las historias de lucha desarrolladas en Los Andes surge la figura de Luis Cusicanqui (1894 – 1977), anarquista que contribuyó a articular las movilizaciones obreras con las demandas de las comunidades indígenas, configurando horizontes de emancipación que cuestionaban simultáneamente al capital, al Estado y a las jerarquías raciales heredadas del orden colonial. Recorrer su trayectoria nos invita a reconocer que la defensa del territorio y la autonomía adquirieron un papel central en la búsqueda de una sociedad libre de toda forma de dominación.
Luis Cusicanqui nació en 1894 en una Bolivia atravesada por la colonialidad del poder y una sociedad que estaba principalmente formada por la élite criolla y terrateniente que buscaba sostener relaciones de dominación sobre los pueblos indígenas, mediante el despojo territorial, el racismo estructural y la explotación. Pese a que el proyecto republicano oligárquico se presentaba con fuerza e intentaba imponer el mismo modelo político heredado de la colonización española, comenzaron a surgir movimientos indígenas y obreros que frente a las desigualdades sociales se negaron a ser parte de este nuevo mundo que se estaba imponiendo.

Un claro ejemplo de esto, fueron las comunidades aymaras y quechuas que mantenían prácticas de reciprocidad como el “Ayni” (hoy por ti, mañana por mí) y la “Mink’a” (trabajo colectivo comunitario para un bien común) que eran formas de trabajo comunitario y apoyo mutuo que organizaban la vida social y económica, sosteniendo a la vez prácticas originarias de organización, como la cooperación, la solidaridad y la reproducción de la vida comunitaria en el territorio.
En ciudades como La Paz artesanos/as, cargadores/as, comerciantes, cholas y trabajadoras se articularon para enfrentar la pobreza y el racismo. Es en este contexto histórico y de profunda desigualdad social que Luis Cusicanqui inicia su acercamiento al anarquismo el cual conoció cuando debió migrar a Chile y trabajar en las salitreras del norte. Ahí entró en contacto con las ideas libertarias que circulaban entre obreros/as migrantes, artesanos/as y trabajadores/as organizados/as en sindicatos, sociedades de resistencia, mutualistas, entre otros.
En el año 1920 regresa a Bolivia, y de vuelta en La Paz, su militancia comienza a tomar forma dentro del movimiento obrero anarquista boliviano, articulando luchas contra la explotación patronal, el autoritarismo estatal y las estructuras coloniales que seguían marcando la vida de los pueblos indígenas y los sectores más populares. En 1923 participó en la fundación del grupo anarquista “La Antorcha”, junto con otros importantes militantes libertarios como Jacinto Centellas, Modesto Escobar, Nicolás Mantilla y la destacada dirigente obrera Domitila Pareja. Este espacio desarrolló actividades de formación política, organización obrera y propaganda anarquista en la ciudad de La Paz.
Posteriormente, Cusicanqui se integró a la Federación Obrera Local (FOL), organización anarcosindicalista fundada por sectores libertarios en oposición a la Federación Obrera del Trabajo (FOT), vinculada a corrientes marxistas centralizadas y autoritarias. La FOL promovía principios como la acción directa, la autonomía sindical, el federalismo y la organización horizontal de los/as trabajadores/as.
En 1929, Luis Cusicanqui redactó el manifiesto “La Voz del Campesino”, el texto fue distribuido entre las comunidades campesinas e indígenas del altiplano en un contexto de creciente conflictividad social, marcado por levantamientos rurales, violencia hacendal y la fuerte represión estatal. Desde sus primeras líneas, el manifiesto denuncia la continuidad de la explotación colonial dentro de la república boliviana “Hace más de un siglo y una treintena de años que venimos sufriendo la esclavitud más inicua…” Esta afirmación cuestiona el relato de la independencia de Bolivia, ya que para Cusicanqui, la república no había significado la liberación de los pueblos indígenas, sino la continuidad de la dominación colonial bajo nuevas formas políticas y económicas. El enemigo ya no era solamente el colonizador español, sino también el “misti” (posición de poder dentro de la sociedad colonial/republicana), el terrateniente, el abogado, el policía y el Estado republicano.
La difusión del “El Manifiesto” que circulaba a través de las páginas de “La Voz del Campesino” denunciaba la continuidad de la explotación colonial, esto fue interpretado como una amenaza directa al orden establecido, derivando en persecuciones, detenciones de militantes anarquistas y el cierre de espacios de organización libertaria. En julio de 1929, Luis Cusicanqui fue encarcelado junto a otros militantes. La respuesta del movimiento anarquista fue inmediata, se organizaron movilizaciones, campañas internacionales de denuncia y acciones solidarias exigiendo la liberación de las y los presos/as políticos/as. Finalmente, aunque Cusicanqui evitó el exilio forzado, fue confinado junto a su compañera Ricarda Dalence en la provincia Murillo de La Paz.
Décadas más tarde, su sobrina, Silvia Rivera Cusicanqui recuperó su memoria para reflexionar sobre las particularidades del pensamiento político indígena y mestizo en Bolivia, levantando el concepto “ch’ixi”, término aymara que describe una coexistencia conflictiva entre distintos mundos culturales que no llegan a fusionarse completamente. Desde esta perspectiva, Luis Cusicanqui representaría una identidad “ch’ixi”: indígena y mestiza al mismo tiempo, urbana y comunitaria, libertaria e indígena. A través de su pensamiento, Cusicanqui cuestionó las estructuras coloniales del Estado boliviano y propuso formas alternativas de organización política vinculadas a sus raíces.
Ponemos a disposición el artículo «El Movimiento a Través de un Prisma. Luis Cusicanqui Durán», escrito por Ivanna Margurucci, que fue publicado en la Revista Anarquista de Historia y Ciencias Sociales La Brecha N° 3 del 2016 en la región chilena.
