Conjeturas y Refutaciones de Karl Popper
¿Cómo podemos admitir que nuestro conocimiento es humano, sin tener que admitir al mismo tiempo que es mero capricho y arbitrariedad individual?
por Raúloso.
Los planteamientos de Karl Popper (1902 – 1994), marcan un hito importante en la filosofía de las ciencias, pues dedica gran parte de su trabajo intelectual a definir el límite o demarcación entre el conocimiento científico y otras formas de conocimiento. En sus propias palabras: “El problema que me preocupaba por entonces no era ¿Cuándo es verdadera una teoría? ni ¿Cuándo es aceptable una teoría? Mi problema era diferente. Yo quería distinguir entre la ciencia y la pseudociencia, sabiendo muy bien que la ciencia a menudo se equivoca y que la pseudociencia a veces da con la verdad” (Popper, 1991, p. 57). Sin embargo, a partir de sus reflexiones sobre esta demarcación surgen otras posibles integrantes o claves de lectura, como por ejemplo qué implicancias sociales tiene el conocimiento científico o, desde otra perspectiva, qué características contextuales influyen en el quehacer de las ciencias. Al respecto, si bien Popper no desarrolla una teoría de la ciencia como institución social, a partir de sus críticas al inductivismo se desprende también una interpretación de la ciencia como una práctica social estructurada por tensiones no estrictamente racionales, inserta en un contexto específico, que le impregna intereses y sentidos.
Para iniciar el análisis, es necesario señalar que, a inicios del siglo XX, la ciencia se fundamentaba en una lógica inductiva, es decir, el quehacer científico consistía en observar algún ámbito de la realidad, ya sean natural o social y a partir de esa observación identificar leyes y formular teorías explicativas que luego debían ser sometidas a verificación a través de nuevas y rigurosas observaciones experimentales. Así, se acumularía conocimiento científicamente verdadero en cada uno de los ámbitos de la realidad.

Popper cuestionó los fundamentos lógicos de esta operación, sosteniendo que a través de observaciones o experimentos de verificación solo se conoce una parte de la realidad estudiada (nunca la totalidad), por lo que solo se podría tener una certeza temporal de las teorías, pero que en cualquier momento podrían aparecer nuevos datos que la contradigan, por lo que el conocimiento científico siempre debe tener un carácter provisorio. En este sentido, Popper señala que el conocimiento científico se debe construir desde una lógica hipotética – deductiva, es decir, se debe generar conjeturas o formulaciones teóricas provisorias que aborden determinado tipo de fenómenos, para luego ser sometidas a falsación, es decir, a la crítica y contraste con la realidad a través de observaciones rigurosas. De esta forma, una teoría sería provisionalmente aceptada mientras no sea contradicha por la observación directa de los fenómenos que intenta explicar.
Tal como se ha planteado, en la formulación de sus críticas a la lógica inductiva del conocimiento científico, Popper señaló al menos cuatro elementos que pueden ser interpretados como un posicionamiento de la ciencia como una institución socialmente situada:
- Crítica al método inductivo de las ciencias: El argumento central de Popper es que nunca se podría llegar a observar la totalidad de casos posibles a los que hace referencia una teoría, lo que haría imposible su verificación. Algunas comunidades científicas defienden esta práctica pese a que constituye un verdadero sesgo de confirmación, es decir, se pretende comprobar lo que se cree más que aplicar una contrastación racional con la realidad. Lejos de generar leyes a través de un método científico racional y empírico, las comunidades científicas tienden a defender sus teorías e hipótesis buscando solo datos que las avalen o de lo contrario, levantando adecuaciones que las revaliden. “Algunas teorías genuinamente testables, después de hallarse que son falsas, siguen contando con el sostén de sus admiradores, por ejemplo, introduciendo algún supuesto auxiliar ad hoc, o reinterpretando ad hoc la teoría de manera que escape a la refutación» (Popper, 1991, p 61.). Esta práctica contradice la supuesta neutralidad científica, apareciendo el sujeto investigador y posicionando a la ciencia como un campo de preferencias personales o colectivas de teorías. Más aún, Popper señaló que algunas comunidades científicas mantienen operativas algunas leyes o teorías, aunque la observación de la realidad las haya descartado, alejándose completamente de la lógica del inductivismo, solo por insistencia, intuición u otros motivos no científicos sino sociales de las y los investigadores/as. “La naturaleza, muy a menudo, se resiste exitosamente y nos obliga a considerar refutadas nuestras leyes; pero si seguimos viviendo, podemos intentar nuevamente”. (Popper, 1991, p. 74). La recursividad de los intentos se aleja de la lógica racional declarada, haciendo evidente las tensiones que pueden cruzar a la actividad científica.
- Punto de inicio de las investigaciones y acumulación de conocimientos: Complementariamente a lo anterior, Popper planteó que la ciencia no siempre inicia sus investigaciones desde un conocimiento previo científicamente verdadero o desde la observación directa como sugiere el método inductivo, sino que muchas veces se desarrolla la labor científica a partir de creencias personales o colectivas que direccionan el avance de la ciencia fuera de sus lógicas internas, pudiendo ser permeada por creencias morales o sentidos sociales específicos. “En un sentido histórico, todas —o casi todas— las teorías científicas se originan en mitos; y que un mito puede contener importantes anticipaciones de teorías científicas” (Popper, 1991, p. 63). La neutralidad del método científico se puede poner en cuestionamiento al ser ejecutado por sujetos con creencias y motivaciones particulares. Esto sugiere que el origen del conocimiento científico no responde exclusivamente a una lógica empírica o racional, sino que está vinculado a formas previas de pensamiento (mitos), muchas de ellas de carácter cultural o político.
- El observador como sujeto: De igual forma, Popper señaló que la observación de los fenómenos sociales o naturales nunca es neutral ni completamente racional sino por el contrario siempre es selectiva, es decir, influida por el sujeto que investiga. El método científico no logra anular la subjetividad de quien lo ejecuta, instalando la práctica científica propiamente tal, como una práctica social. “La observación siempre es selectiva. Necesita un objeto elegido, una tarea definida, un interés, un punto de vista o un problema. Y su descripción presupone un lenguaje descriptivo, con palabras apropiadas; presupone una semejanza y una clasificación” (Popper, 1991, p. 72 – 73). Esto implica que la observación científica no es neutral, sino que está mediada por intereses, problemas y posturas personales o conceptuales previos. En este sentido, la práctica científica no puede entenderse como un proceso puramente racional, sino como una actividad humana situada, en la que intervienen elementos subjetivos y contextuales. La ciencia depende en estos términos del observador e incluso de las relaciones sociales que éste mantenga, así como también de su lenguaje (sistema de símbolos socialmente definido).
- Uso y legitimidad del conocimiento: Popper también fue explícito en reconocer que la legitimidad de las teorías científicas no solo se basa en su veracidad o comprobación a través del contraste con la realidad, sino que muchas veces, para resolver determinados problemas, se hace uso de teorías científicamente falsas. Esto no genera mayor problema, pues la función social de la ciencia no solo es la búsqueda de teorías verdaderas sino la de satisfacción de necesidades sociales o resolución de problemas específicos a determinados contextos. Popper señaló que la ciencia no deslegitima al distanciarse de la verdad, pues “desde un punto de vista pragmático, tal problema no se presenta, ya que a menudo las teorías falsas son muy útiles: se sabe que la mayoría de las fórmulas usadas en ingeniería o en la navegación son falsas, aunque sean excelentes aproximaciones y fáciles de manipular; y las usan con confianza personas que saben que son falsas” (Popper, 1991, p. 83).
De esta forma, cuando Karl Popper desmantela el método inductivo de las ciencias y propone que el accionar científico se fundamente en la generación de conjeturas que provisoriamente se consideren verdaderas mientras se les somete a la crítica y falsación, también presentó interesantes argumentos que posicionan a la ciencia como práctica situada socialmente, que responde a intereses y motivaciones externas e internas a su funcionamiento, que independiente de las pretensiones del método científico reproduce ciertos sesgos de confirmación y defensa de sus teorías, que es ejercida por sujetos o personas específicas también socialmente determinadas por su entorno y lenguaje, así también, que la legitimidad de sus saberes a veces se basa más en la operatividad de sus soluciones que en el carácter verdadero de sus enunciados.
“Es inquietante el hecho de que hasta un tema abstracto como la epistemología pura no sea tan puro como podría pensarse (y como creía Aristóteles), sino que sus ideas, en gran medida, puedan estar motivadas e inconscientemente inspiradas por esperanzas políticas y sueños utópicos” (Popper, 1991, p. 27). La ciencia se ha levantado como una de las instituciones sociales que gozan de mayor legitimidad para construir conocimientos, pero que no lo hace solo desde la lógica formal y la racionalidad neutral y absoluta, sino que trabaja desde el propio contexto social al que pertenece, respondiendo a sus necesidades, intereses y tensiones.
Con Popper y su falsacionismo no solo se cuestionó la demarcación entre la ciencia y otras formas de conocimiento, sino que se instaló la posibilidad de mirar los usos y condicionantes sociales de las teorías, los intereses científicos y la idea misma de alcanzar la verdad. En palabras del autor, “pero ¿cómo podemos caer en el error, si la verdad es manifiesta? La respuesta es la siguiente: por nuestra pecaminosa negativa a ver la verdad manifiesta; o porque nuestras mentes albergan prejuicios inculcados por la educación y la tradición u otras malas influencias que han pervertido nuestras mentes originalmente puras e inocentes” (Popper, 1991, p.28). Así, el acceso mismo a lo que consideramos como verdad y como la definimos estaría construido socialmente. En la historia de la filosofía de las ciencias, esta puerta abierta por Karl Popper será profundamente reflexionada por otros autores posteriores como Thomas Kuhn (1922 – 1996) y su idea de paradigma, Imre Lakatos (1922 – 1974) y los programas de investigación científica y Paul Feyerabend (1924 – 1994) con su anarquismo epistemológico. A partir de Popper el conocimiento fue objeto de reflexión y crítica, no solo desde sus métodos de trabajo y producción, sino también parte de un entramado social que instala y legitima verdades, creencias y formas de relación social. La ciencia, a partir de Popper puede ser considerada como una construcción social, condicionada socialmente y que repercute directamente también en la sociedad que la sustenta.
