La Revista Mujeres Libres y su Rol Revolucionario
Una revista que buscaba visibilizar la realidad de las mujeres, promover su formación política, cultural y difundir las ideas del anarquismo.
por Nanda
La Revista Mujeres Libres nació en Madrid, España, en mayo de 1936, impulsada por la periodista Mercedes Comaposada Guillén, la médica Amparo Poch y Gascón y la escritora Lucía Sánchez Saornil. Las tres compartían la convicción de que era necesario construir un espacio propio desde el cual las mujeres pudieran difundir sus ideas, fortalecer la organización y promover su emancipación tanto del capitalismo como del patriarcado.
En sus primeras publicaciones se definió como una revista de «cultura y documentación social«, y no explícitamente como una revista anarquista, con el propósito de evitar el rechazo que el término podía generar y ampliar así su alcance hacia mujeres obreras, campesinas y estudiantes que aún no mantenían vínculos con el movimiento libertario. La intención era acercar las ideas emancipadoras a un público amplio mediante un lenguaje accesible, favoreciendo la incorporación de nuevas mujeres al proceso revolucionario.
Uno de los principales objetivos de la revista fue visibilizar la realidad de las mujeres, promover su formación política, cultural y difundir las ideas del movimiento libertario. Sus fundadoras sostenían que las mujeres sufrían una doble opresión: como trabajadoras, debido a la explotación capitalista, y como mujeres, producto de la subordinación patriarcal. Esta reflexión sería desarrollada posteriormente por la organización mediante el concepto de la «triple esclavitud«, con el que sintetizaron las condiciones de opresión que afectaban a las mujeres trabajadoras: la ignorancia derivada de la falta de acceso a la educación, la subordinación impuesta por el sistema patriarcal y la explotación económica producida por el capitalismo. Desde esta perspectiva, la emancipación femenina exigía enfrentar simultáneamente estas tres formas de dominación.

Las declaraciones publicadas en el primer número expresaban con claridad este horizonte político. En uno de sus textos señalaban: «El primer objetivo de la lucha de la mujer consiste en hacer comprender al hombre, y en primer lugar a sus padres, hermanos y parientes, que sin la libertad de las mujeres no vale nada la de los hombres». En otro afirmaban: «Estamos ciertas que miles de mujeres reconocerán aquí su propia voz, y pronto tendremos junto a nosotras toda una juventud que se agita desorientada en fábricas, campos y universidades, buscando afanosamente la manera de encauzar en fórmulas de acción sus inquietudes». Estas declaraciones reflejan un llamado explícito a la emancipación de las mujeres y una crítica profunda a las múltiples formas de opresión que históricamente habían limitado su autonomía.
Además de difundir las ideas libertarias, la revista abordó una amplia diversidad de temas vinculados con la vida cotidiana y la formación integral de las mujeres. En sus páginas se publicaron artículos sobre alfabetización, educación sexual, maternidad, salud, higiene, literatura, poesía, sindicalismo, formación profesional, ciencia, cultura y experiencias de organización obrera. Esta combinación de reflexión política y educación práctica convirtió a la revista en una herramienta de capacitación destinada a fortalecer la autonomía intelectual y material de las mujeres trabajadoras, promoviendo su participación en la transformación de la sociedad. También a través de sus páginas denunciaron la subordinación impuesta por el trabajo doméstico, la maternidad concebida como obligación exclusiva, el trabajo no remunerado, la división sexual del trabajo y las desigualdades existentes en el acceso a la educación y al empleo, así como también hacer evidente su claro desprecio al feminismo burgués.
En el proceso de consolidación de la revista y posteriormente de la organización, Mujeres Libres contó con el apoyo y la colaboración de destacadas militantes anarquistas internacionales, entre ellas Emma Goldman. A través de sus artículos y cartas defendió la educación, la autonomía de las mujeres, el internacionalismo y la lucha antifascista, reafirmando que la emancipación femenina constituía un componente indispensable de la revolución social y fortaleciendo los vínculos entre el movimiento libertario español y el anarquismo internacional.

Aunque Mujeres Libres nació como un proyecto editorial independiente, a finales de septiembre de 1936 Mercedes Comaposada viajó a Barcelona y se reunió con el Grupo Cultural Femenino, un colectivo de mujeres libertarias integrado principalmente por militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), los ateneos libertarios y la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL). De este encuentro surgió la decisión de unificar ambas iniciativas y constituir la Agrupación Mujeres Libres. A partir de ese momento, la publicación dejó de ser únicamente un medio de difusión para convertirse también en un instrumento de organización, coordinación y formación.
La expansión de la organización Mujeres Libres fue extraordinariamente rápida. En pocos meses se constituyeron alrededor de 147 agrupaciones locales, alcanzando cerca de 20.000 mujeres afiliadas en distintos territorios de España. Finalmente, en agosto de 1937, durante el Primer Congreso Nacional celebrado en Valencia, se constituyó oficialmente la Federación Nacional de Mujeres Libres, organizada bajo una estructura federal autónoma, aunque estrechamente vinculada al movimiento libertario integrado por la CNT, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la FIJL.
La autonomía de Mujeres Libres generó tensiones dentro del propio movimiento anarquista. Sus militantes solicitaron ser reconocidas como la cuarta organización del movimiento libertario, junto a la CNT, la FAI y la FIJL. Sin embargo, la CNT rechazó esta petición argumentando que una organización integrada exclusivamente por mujeres podía fragmentar la unidad de la clase trabajadora. Frente a esta negativa, las integrantes de Mujeres Libres defendieron la necesidad de mantener una organización autónoma, sosteniendo que la desigualdad entre hombres y mujeres también se reproducía dentro de las organizaciones revolucionarias y que era indispensable contar con espacios propios para combatirla.
Tras la conformación de la organización, Mujeres Libres participó activamente en la revolución social mediante la prensa, la propaganda, la educación popular, la alfabetización, la organización comunitaria, la acción directa y el apoyo mutuo hacia milicianas, milicianos y la población civil. Su proyecto político no se limitó a reivindicar los derechos de las mujeres, sino que buscó contribuir a la emancipación de toda la clase trabajadora. Consideraban que la liberación femenina solo sería posible junto con la abolición del capitalismo y del patriarcado, entendiendo ambos sistemas de dominación como inseparables.
Entre mayo de 1936 y el otoño de 1938 se publicaron trece números de la revista, convirtiéndose en una de las publicaciones libertarias dirigidas a las mujeres más importantes del siglo XX. Un decimocuarto número llegó a prepararse, pero nunca pudo imprimirse debido al avance de la Guerra, el deterioro de las condiciones materiales de edición y el progresivo desmantelamiento del movimiento libertario. Tras la victoria franquista en 1939, muchas de sus integrantes fueron perseguidas, encarceladas o forzadas al exilio, poniendo fin tanto a la revista como al proyecto político y cultural que habían construido.

Posteriormente este trabajo fue retomado entre 1964 y 1976, por Suceso Portales, Sara Guillén, Lola Iturbe, Tomás Cano, Violeta Olaya entre otras. Se reimprimió en Londres, luego en Montadin y Capestang, dos localidades del Languedoc, Francia.
Entre 1977 y 1978 fue publicado nuevamente en Barcelona, por compañeras que regresaban del exilio y otras mujeres vinculadas al movimiento libertario, quienes quisieron recuperar la memoria histórica de Mujeres Libres, difundiendo nuevamente el pensamiento anarcofeminista y contribuir a la reorganización del movimiento libertario.
En este sentido, Mujeres Libres, más que una revista, constituyó un proyecto político, educativo y revolucionario que buscó transformar las condiciones materiales y culturales de vida de las mujeres trabajadoras mediante la educación, la organización colectiva y la participación activa en la revolución social. Su experiencia demostró que la emancipación de las mujeres no podía quedar relegada a un momento posterior al triunfo revolucionario, sino que debía construirse desde el presente a través de prácticas concretas de formación, solidaridad y organización autónoma.
Recordar hoy la experiencia de Mujeres Libres no solo permite reconocer una de las expresiones más significativas del feminismo libertario dentro del movimiento anarquista, sino también recuperar las prácticas políticas que hicieron posible ampliar los horizontes de emancipación de las mujeres frente a las estructuras capitalistas y patriarcales. Su legado demuestra que la transformación social no se construye únicamente desde la reflexión teórica, sino también desde la organización, el apoyo mutuo y la acción colectiva, recordándonos que la emancipación de las mujeres no puede separarse de la transformación de las relaciones de dominación que sostienen tanto el patriarcado como el capitalismo.
Acá dejamos los primeros seis números de la Revista Mujeres Libres.
