José Venturelli, Memoria y Resistencia en los Muros
La creación artística es una forma de combate en la transformación de nuestros materiales, de nuestras ideas, de nosotros mismos. Es una forma de lucha.
por Nanda
José Venturelli (1924 – 1988) vivió y creó en uno de los períodos más estremecidos del siglo XX. Nació en Chile en 1924, en una sociedad atravesada por la cuestión social y las luchas del movimiento obrero principalmente. Su juventud transcurrió mientras el mundo era sacudido por distintos hitos históricos, por una parte, el ascenso del fascismo en la Guerra Civil Española y posteriormente la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En América Latina y Chile, las luchas de trabajadoras/es, campesinas/os y de los pueblos indígenas comenzaban a adquirir una presencia cada vez mayor en la vida política y cultural, existiendo muchas tensiones que el Estado y gobiernos de turno intentaban acallar.
Hijo de un inmigrante italiano vinculado a las ideas socialistas, Venturelli creció en un ambiente donde la creación artística no aparecía separada de las discusiones políticas y sociales de su tiempo. Muy joven se vinculó con los movimientos antifascistas y con espacios de la izquierda chilena, desarrollando una concepción del arte distante de la idea del artista aislado de su realidad. Su encuentro con el muralismo mexicano, particularmente a través de su trabajo junto a David Alfaro Siqueiros (1896 – 1974), profundizó esa perspectiva, el arte podía ocupar los espacios públicos, encontrarse con las personas y participar de las disputas por la memoria y por la manera de representar la historia.
Su trayectoria se desarrolló posteriormente en el escenario de la Guerra Fría y de las luchas anticoloniales que atravesaron el mundo. Sus vínculos con China, Cuba y distintos espacios políticos y culturales internacionales fueron parte de un recorrido marcado por el internacionalismo y por su militancia comunista. En China estableció una relación particularmente profunda, tanto política como artística, entrando en contacto con una tradición cultural que también transformaría su manera de comprender la pintura y la representación.
Venturelli desarrolló una preocupación permanente por los pueblos indígenas y por las consecuencias históricas de la colonización. Su acercamiento al mundo mapuche y su perspectiva indigenista cuestionaron las formas dominantes de representar a los pueblos originarios, incorporando sus luchas, su memoria y su presencia histórica dentro de una producción artística estrechamente vinculada a las disputas sociales de América Latina.

En Chile, su trayectoria estuvo ligada a un período de intensa movilización política y cultural. La experiencia de la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende encontraron en las artes gráficas, los murales y otras expresiones visuales una herramienta de participación y comunicación política. El golpe de Estado de 1973 significó la ruptura violenta de ese proceso, ya que, la dictadura no sólo persiguió a personas y organizaciones políticas, también intervino y destruyó expresiones culturales asociadas a las luchas sociales que buscaba borrar de la memoria colectiva. Parte del trabajo de Venturelli fue destruido, ocultado o cubierto durante esos años.
Como su militancia no estuvo separada de su producción artística, tras el golpe de Estado su casa y taller en Santiago fueron allanados y saqueados. Posteriormente, en 1974 Venturelli debió exiliarse junto a su familia, en Ginebra, Suiza.
Desde Ginebra, la distancia con Chile no fue un problema para protestar y denunciar a través del arte la violencia y las injusticias cometidas por el régimen militar comandado por Agusto Pinochet. En 1975 realizó Patria Negra y Roja, serie en la que enfrentó gráficamente la violencia de la dictadura y las violaciones a los derechos humanos a través de imágenes de cuerpos atravesados por el dolor, pero también por la resistencia y la memoria de una sociedad sometida a la represión. Décadas después, la exposición Mujeres de una Patria Negra y Roja, instalada en el antiguo camarín del Estadio Nacional, visualiza la lucha de muchas mujeres que en ese momento se encontraban buscando a sus familiares detenidas/os y desaparecidas/os.

En ese sentido, su obra no busca solamente representar la realidad, sino que a través de las imágenes busca denunciar y visualizar las injusticias sociales. Cada figura, cada rostro y cada cuerpo puede ser un testimonio, que se transforma en un espacio de memoria colectiva, resistencias y esperanzas.
Su obra nos recuerda que la memoria también se construye a través de imágenes en el espacio público, en donde aquello que se intenta borrar, puede subsistir en un mural y mantenerse vivo. Entonces se puede decir que José Venturelli, nos invita a través del arte a mantener nuestra memoria intacta, y a no aceptar que la historia dominante silencie la voz de las y los perseguidas/os y explotadas/os. El arte puede convertirse en un arma que dispara ráfagas de colores llenas de verdad, en donde el poder no borrar lo que el pueblo ha vivido.
Como anarquistas creemos que todas las formas de violencia y dominación que históricamente hemos aguantado deben ser nombradas, denunciadas y confrontadas. El arte, puede ser una herramienta para romper el silencio y mantener la memoria del pueblo encendida.










