El Apañe: Politización de los Cuidados Comunitarios entre Pobladoras
Para entregarnos afecto, contacto y piel; pasarlo bien, ayudarnos en las actividades cotidianas de cocina, limpieza o crianza.
El capitalismo ha transformado progresivamente cada una de nuestras necesidades en lucrativos negocios que, a costa de la precarización de la vida de muchas personas, genera grandes ganancias económicas en la clase dominante.
Una de las consecuencias directas del modelo capitalista es la generación de una cultura individualista y consumista que debilita el tejido social y hace creer a las personas que están solas frente al mundo y que la única forma de subsistir es a través del trabajo, endeudamiento y acceso a un mayor consumo. Antiguos espacios de sociabilidad como sindicatos, juntas de vecinos/as, clubes y otras organizaciones sociales y comunitarias aparecen como pequeños oasis aislados en medio de un desierto individualista fomentado por los medios de comunicación y las políticas estatales.
Si bien estas injusticias se instalan en prácticamente todos los ámbitos de la vida, su impacto se diferencia drásticamente por género, perjudicando considerablemente a las mujeres que reciben menores salarios cuando se desempeñan laboralmente y además deben hacerse cargo de las labores domésticas, crianza de hijos/as y cuidados en términos generales. Quiénes cuidan a niñas y niños pequeños, cocinan, cuidan enfermos/as y realizan labores de limpieza tienden a ser mujeres, limitándose en mayor medida sus posibilidades de socialización e incidencia política al no disponer del mismo “tiempo libre” que los hombres.
A partir de los avances históricos del movimiento feminista la reproducción de estas desigualdades ha comenzado a ser cuestionada en los espacios de organización social y en la sociedad en general, y si bien se ha logrado posicionar en la opinión pública varias dimensiones de esta desigualdad, aún falta mucho para cuestionarnos el estilo de vida que el capitalismo reparte en los diferentes estratos sociales y construir formas nuevas de organización de la vida cotidiana que incluyan una distribución equitativa de las labores de cuidado.
Durante el estallido social se generaron diversas expresiones de organización social de carácter territorial que, en un ambiente general de movilización y protesta, revitalizaron vínculos solidarios entre vecinos/as y apuntaron a una mayor reflexividad sobre la cotidianeidad de cada territorio y cohesión entre sus habitantes. Sin embargo, la pandemia, las medidas de confinamiento propiciadas por el Estado y el impacto económico que trajeron, desarticularon muchas de estas incipientes organizaciones o bien las transformaron en una nueva oleada de organizaciones de subsistencia como ollas comunes, comedores, comprando juntos, redes de distribución de alimentos. Nuevamente, a partir de las necesidades más concretas de las personas surgieron espacios organizativos que se levantaron como gérmenes de resistencia.
A partir de las experiencias de personas que participaron activamente de estos espacios es posible profundizar en la dimensión política y social de los cuidados, es decir, en el hecho de que alguien se relacione con otra persona para satisfacer colectivamente sus necesidades materiales y afectivas, generando un vínculo frente a las carencias y desigualdades que el mismo sistema genera y que se expresa en la carencia de alimentos, la falta de compañía de una persona enferma, la necesidad de que alguien cuide a las y los niños/as mientras su madre o padre trabaja, etc.

De esto trata la investigación “El apañe: politización de los cuidados comunitarios en contextos urbanos populares de Santiago de Chile” de María Sol Anigstein, Leonor Benítez y Soledad Burgos, que indaga sobre el concepto de cuidado entendido como “lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro mundo de manera de vivir en él lo mejor posible” (Fisher y Tronto, 1990), contextualizándolo en el contexto de organizaciones comunitarias que surgieron en la Población Juan Antonio Ríos de la comuna de Independencia en Santiago de Chile.
La investigación se desarrolló entre el 2021 y 2022 y se basó en las metodologías de investigación acción participativa que incluye un proceso de involucramiento entre las investigadoras y las personas que participaron en estos espacios organizativos de cuidados, en un diálogo mutuamente enriquecedor y comprensivo sobre estas prácticas, así como también, se utilizó la metodología de producciones narrativas en la que se invitó a co-construir textos sobre el concepto de cuidados en contextos comunitarios urbanos y así gatillar reflexiones más profundas a partir de las experiencias.
Así fue posible identificar dos dimensiones complementarias de los cuidados que se pueden desarrollar a través de experiencias organizativas comunitarias: Por una parte, los cuidados materiales, entre los que se cuenta la distribución de alimentos, medicamentos, colaboración en tareas de reparación, limpieza, realización de trámites, cuidado de niñas y niños pequeños entre otras. Y por otro lado, los cuidados de carácter afectivo, que conllevan la contención emocional, la cohesión, identidad colectiva, sentirse aceptada/o y cuidada/o, etc.
Aquí es donde surge una distinción muy importante, pues las investigadoras concluyeron que si bien los cuidados siempre se basan en una relación social de preocupación y responsabilidad compartida, el impacto que generan en las personas también dependerá del grado de horizontalidad que dicha relación logre construir. Por ejemplo, cuando alguien visita cotidianamente a una abuelita enferma, genera una valiosísima relación social de preocupación, compañía y cuidado, pero no necesariamente será una relación horizontal, en cambio, “cuando la direccionalidad del cuidado cambia y alcanza cierta simetría o reciprocidad en las responsabilidades y en las tareas, la interdependencia relacional es vivida como apañe”, como cuando dos vecinas se conocen, construyen amistad y colaboran en sus quehaceres, llegando a contenerse mutuamente frente a sus problemas.
El apañe no se reduce a la ayuda puntual ni a la solidaridad instrumental, sino que designa una trama de relaciones sostenidas en el tiempo, basadas en la reciprocidad, los afectos y la responsabilidad compartida por la vida de otros y otras. En este sentido, el apañe aparece como una forma de interdependencia social que desafía la ficción neoliberal del individuo autosuficiente. “Aparece la idea del apañe, que es colocada por pobladoras y pobladores desde su base territorial para hablar de los cuidados y de su posible politización, poniendo en el centro afectividades, saberes, prácticas y éticas que surgen de la experiencia comunitaria feminizada de los cuidados”.
El artículo que adjuntamos presenta las principales características y conclusiones de la investigación realizada y estamos seguras/os de que su lectura es muy interesante en tiempos de tanta apatía y desarticulación social.
