Las Historias de Felisa de Perdigandalf

Acá las rimas producen un efecto deliberadamente lúdico que contrasta con la dureza de las situaciones narradas.

Las Historias de Felisa es un cuento escrito por el español Perdigandalf que construye su relato a partir de un procedimiento formal muy reconocible: prácticamente cada intervención y descripción está organizada alrededor de la rima. Los nombres de los personajes, sus acciones y buena parte de los diálogos funcionan como piezas de una cadena verbal en la que la búsqueda del sonido determina muchas veces la construcción de las frases. Desde la presentación de FelisaUna mona superviviente que vive como puede; sonríe adrede para afrontar la vida y por eso es muy querida— queda establecido el tono del relato: humorístico, coloquial y deliberadamente irreverente.

Esta elección estilística aproxima el cuento más a determinadas formas de literatura popular y oral que a la narración realista convencional. Hay algo de romance, de copla y de relato de tradición oral en la insistencia sobre la rima, pero también un parentesco con formas contemporáneas de poesía narrativa, especialmente aquellas en que el ritmo y el juego verbal adquieren tanta importancia como la progresión argumental. La acumulación de rimas produce un efecto deliberadamente lúdico que contrasta con la dureza de las situaciones narradas.

El universo de Felisa está poblado por animales antropomorfizados que reproducen, sin demasiada sutileza, un mundo social reconocible: bares, drogas, prostitución, violencia, precariedad laboral, deudas, alcoholismo, relaciones abusivas y pequeñas redes de complicidad. La elección de animales permite introducir una distancia humorística respecto de estos conflictos, aunque el recurso no los vuelve menos graves. El castor Faustino, por ejemplo, aparece asociado a la violencia, las adicciones y el consumo de prostitución; Ermisinda representa una existencia marcada por la explotación sexual y la precariedad; y Micaela enfrenta la pérdida de un trabajo que describe como uno de tantos empleos destinados simplemente a pagar una habitación.

La protagonista funciona como el principal punto de articulación de este mundo. Felisa no es presentada como una heroína convencional: participa de los mismos circuitos de alcohol y drogas que atraviesan a los demás personajes, trabaja, se divierte y mantiene relaciones ambiguas con personas vinculadas a la violencia. Sin embargo, también aparece como una figura de solidaridad cotidiana, especialmente respecto de Melchora, Bartolo y otros personajes vulnerables. Su sonrisa, que inicialmente parece un rasgo de personalidad, adquiere progresivamente un carácter defensivo: es una manera de sostenerse frente a una realidad que no controla.

La principal particularidad de Las Historias de Felisa es, entonces, la tensión entre forma y contenido: una escritura juguetona y rimada relata un mundo atravesado por violencia, precariedad y marginalidad. Esa tensión constituye su mayor atractivo, aunque también puede convertirse en una limitación. En algunos pasajes la rima parece imponerse sobre la naturalidad del diálogo y sobre la construcción de los personajes. El resultado es un relato que privilegia el ritmo, el humor negro y la acumulación de situaciones por sobre la profundidad en su contenido, haciéndose entretenido de leer.

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