Emma Goldman, una Mujer Peligrosa para el Capitalismo y el Patriarcado

“La historia nos enseña que cada clase oprimida alcanza su verdadera liberación frente a sus amos a través de su propia lucha. Es necesario que la mujer aprenda esta lección, que se percate que su libertad será tan amplia como su capacidad le permita obtener”.

Pensar en anarquismo desde las voces femeninas es imposible si no nos remontamos a la perfecta fusión que hace la anarquista lituana Emma Goldman de anarquismo y feminismo, siendo pionera en la lucha por la liberación de la mujer, principalmente en el ámbito de la liberación sexual, la anticoncepción y en definitiva, la autonomía de las mujeres para decidir sobre su cuerpo.

En 1910 se publica “Anarquismo y Otros Ensayos”, donde se encuentra el texto “Anarquismo, lo que Significa Realmente”. Aquí Goldman busca definir anarquismo más allá de las visiones erróneas y caricaturas que abundan hasta hoy, definiéndole como: “La filosofía de un nuevo orden social basado en la libertad sin restricción; la teoría que todos los gobiernos descansan sobre la violencia y por lo tanto son equívocos y peligrosos, al igual que innecesarios”.

Para Goldman, durante toda la historia del ser humano, ha existido la lucha de lo nuevo y lo viejo; la pelea que da una nueva idea que busque suprimir aquello que está viejo y que oprime. Es acá donde surge el anarquismo como idea innovadora y revolucionaria. Sin embargo, esta idea se ve restringida por el rechazo que se produce a partir de la ignorancia y la contraposición que este revela hacia la inteligencia; teniendo entonces una relación suspendida entre ignorancia e inteligencia.

Tenemos la figura, por una parte, de la masa ignorante, aquella que se inunda del discurso en contra del anarquismo en base a las falsas interpretaciones o habladurías que se tiene de esto; destacando además, la nula intención de la masa ignorante por ser o parecer sabia. Además, tenemos por otro lado, el sector más sabio que busca reducir el anarquismo a un imposible, minimizándolo a una simple utopía. Es este último, la persona inteligente, lo que según Goldman debe tener la misma consideración que la masa ignorante, pues ambos hablan desde la realización de un juicio inválido. Es, para la persona inteligente, imposible de realizarse por la imposibilidad de llevarse a cabo en las condiciones existentes. Pero, no podemos alejarnos de la idea de que son estas condiciones las que hay que erradicar, pues, como dice Goldman: “son exactamente las condiciones existentes las que uno rechaza, y cualquier proyecto que acepte estas condiciones será erróneo y una locura”.

Sabemos ya, que la persona ignorante no pretende ser más sabia o parecerlo, pues para esta no es un elemento necesario para la realización de sus labores cotidianas. Además, no conoce la posibilidad de reconocerse en la ignorancia ni actúa para erradicarla, mostrándose desde una posición de comodidad, y es aquí donde surge la incomodidad del anarquismo, ya que, para Goldman: “El anarquismo anima a las personas a pensar, a investigar, a analizar cada posición”. Siempre desde una posición materialista de la vida.

Como se ha mencionado al principio, la historia del ser humano, es a la vez la historia de la batalla por la eliminación de lo viejo y la instauración de lo nuevo. Pues bien, es posible entender que esta batalla se desenvuelve entre el individuo y la sociedad; esto debido a la mala idea sobre la importancia que tiene el uno sobre la otra. Sin embargo, para Goldman, son ambos factores igual de importantes.

No obstante, hay un elemento que vendría a opacar el factor individual, aprovechándose de la incapacidad del ser humano primitivo para comprender su entorno, este elemento sería la religión, la cual se apropia de esta deficiencia de la persona y la utiliza para instaurarse en una posición de poder, haciendo una división en la vida, cegando a las personas y quitándole sus fuerzas.

Desde ahí, se entenderá la división de la vida, desde el sometimiento de la persona por sobre la figura divina. La dualidad entre Dios y persona, persona y Estado, donde el Estado replica las mismas prácticas bíblicas de sometimiento. Es acá donde aparece la figura del anarquismo como la fuente de liberación de la persona, expresado en el texto de la más clara manera:

“El anarquismo es la única filosofía que brida al ser humano la conciencia de sí mismo/a; la cual mantiene que Dios y el Estado no existen, que sus promesas son nulas y están vacías, en tanto sólo pueden ser alcanzadas plenamente a través de la subordinación de la persona”.

El anarquismo como liberación de la persona, como la gran idea que suprime lo ya instaurado, postulando una nueva forma de vida, en donde, primeramente, no exista el monstruo de la propiedad, debido a que esta impide la satisfacción de las necesidades humanas y a su vez dominándolas. “La única demanda que la propiedad reconoce es su propio apetito glotón para mayores riquezas, ya que riqueza significa poder; el poder para someter, para aplastar, para explotar, el poder de esclavizar, de ultrajar, de degradar”. Además, la producción de riquezas reduce a la persona a pasar su vida siendo parte de la maquinaria, sin la posibilidad de descubrir la verdadera riqueza de formar un cuerpo bello y fuerte, y espacios que inspiren a vivir. Pues, la producción solo condena a un mundo gris, aburrido y repugnante.

Frente a lo planteado, Goldman postula que: “El anarquismo no solo repudia tales métodos de producción: su objetivo es la más libre y posible expresión de todas las fuerzas latentes del individuo”.

El anarquismo busca la instauración de una sociedad en donde la economía surja desde la voluntad de producción y distribución, en donde se espera que la idea de trabajo sea producto de una fuerza creativa, en donde se ponga al mismo nivel y bajo el mismo amparo al científico y al artista; donde la figura de la inspiración sea la clave para el funcionamiento de esta.

Ahora bien, esta sería la propuesta que nos daría el anarquismo, sin embargo, existe un mal mayor que es necesario eliminar para alcanzar la libertad: el Estado como mayor enemigo, como gran impedimento para la igualdad social. Un enemigo que hay que eliminar.

Goldman nos señala que: “Para destruir al estado y sus códigos legales, el anarquismo propone rescatar el amor propio y la independencia del individuo de toda represión e invasión de la autoridad”. Es la libertad lo que nos haría alcanzar lo más alto del ser humano, la fuerza para liberarse de la ignorancia y poder pensar, moverse, darlo todo de sí misma/o. Podemos concluir, por lo tanto, que son tres los grandes enemigos a derrotar para alcanzar y conquistar la libertad: la religión, la propiedad y el Estado.

Es entonces, que el anarquismo es liberación, expresada de manera perfecta por Goldman: “El anarquismo, por tanto, verdaderamente representa la liberación de la mente humana de la dominación de la religión; la liberación del cuerpo humano de la dominación de la propiedad; la liberación de las trabas y restricciones del estado”.

Ahora bien, no es posible hablar de libertad únicamente desde el sexo masculino. Para Goldman, la libertad del ser humano, se alcanza en la medida en que ambos sexos son capaces de conquistarla en su totalidad, sin matices.

En 1906, Goldman publica “La Tragedia de la Emancipación de la Mujer”, un texto en donde nos señala la mala idea que se tiene sobre la búsqueda por la libertad de la mujer, y nos presenta cuál sería el camino que se debiese tomar.

En primer lugar, es necesario poner en suspenso los conceptos de femenino y masculino, pues la separación de esto solo nos presentaría una diferencia artificial entre los derechos de ambos sexos. Sin embargo, Goldman no suprimiría los rasgos individuales, es decir, no busca que la igualdad entre seres humanos radique en la eliminación de las individualidades y creación de un solo cuerpo homogéneo; más bien, es necesaria la conservación de las particularidades de cada individuo.

Entrándonos más en el texto, será necesario destacar que para Goldman la lucha por la emancipación de la mujer radica en la conquista de sí misma, entendiendo la necesidad que esta tiene de empoderarse y verse como no-libre; esto no desde el sufragio ni de la igualdad económica, en realidad es necesario cambiar la idea ya instaurada de independencia.

Para Goldman, la mujer es un ser más oprimido que cualquier otro dentro de la sociedad y como tal, debe luchar, como señala: “La historia nos enseña que cada clase oprimida alcanza su verdadera liberación frente a sus amos a través de su propia lucha. Es necesario que la mujer aprenda esta lección, que se percate que su libertad será tan amplia como su capacidad le permita obtener”.

La verdadera conquista por la independencia es aquella que libere a la mujer de los prejuicios y sus exigencias sociales; dejar de lado la idea de la concepción como parte de la naturaleza femenina y la obligatoriedad de sentir amor por un hombre desde la sumisión. Ya no es ser madre o novia, es ser mujer.

Las barreras para que todas y todos alcancemos a conquistar la libertad, serán finalmente erradicadas una vez que se emancipe la mujer en su totalidad. “Su emancipación hará posible que la mujer sea un ser humano en verdadero sentido. Todo aquello que ella reclama reafirmarse y actuar podrá llegar a su máxima expresión; todas las barreras artificiales serán destruidas, y el camino hacia la máxima libertad será limpiado de cualquier rastro de siglos de sumisión y esclavitud”.

El verdadero problema para alcanzar esta emancipación, es que la lucha de la mujer está mal dirigida. Se minimizan las posibilidades, reduciendo esta libertad a la mera búsqueda de algunos derechos civiles, para poder ponerse al mismo alcance que lo masculino, sin darse cuenta que son solo réplicas del modelo ya instaurado que no funciona si es que no es desde la dinámica del opresor-sometida/o.

Es en este sentido, que podemos decir que en la medida que exista una figura de sometimiento, el anarquismo debe actuar. Para ello, es la mujer la que tiene que emanciparse para suprimir las barreras de opresión y así lograr que todos y todas conquistemos la libertad.

Por esto, para nosotras/os es un agrado compartir estos textos de Emma Goldman, como una forma concreta de abrir los debates necesarios y articular las complicidades que nos lleven a mujeres y hombres a transformar esta sociedad y conquistar la anhelada libertad.

Paloma Méndez Figueroa.


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