CRISPR/Cas9: Creando la “Raza Superior” en la Cocina de la Casa

La modificación genética de nuestra especie (y las motivaciones para hacerlo) vendrán como siempre del lado del poder, de los que tienen más recursos, no de los trabajadores y trabajadoras, por lo que es sensato pensar que, en un futuro próximo, en este mismo siglo, los elementos más fascistas de la burguesía serán una especie distinta al Homo sapiens; una nueva especie con una mayor fuerza física e inteligencia. Nuevamente la realidad superará a la fantasía y tal como parece haberlo predicho Aldous Huxley en Un Mundo Feliz, este será un mundo de Alfas, Betas y Epsilones.

De entre los millones de especies animales que habitan el planeta tierra, los perros domésticos son la especie que sufre de más enfermedades genéticas. Esto es gracias a que los humanos llevamos unos 40 mil años modificando su descendencia, del tiempo cuando los perros eran más parecidos a los lobos y los humanos unos tímidos Homo sapiens que aún vivíamos en cuevas.

La experimentación con genes es un tema controversial, y sin duda el más importante al que se ha enfrentado la humanidad. Hoy tenemos la posibilidad cierta de hacer lo que antes solo estaba reservado a los “dioses”, y –como veremos- en la cocina de nuestras casas.

Pero partamos por el principio.

A mediados del siglo XIX, Gregor Mendel, un fraile católico y naturalista, formuló, por medio de los trabajos que llevó a cabo con diferentes variedades de arvejas las hoy llamadas “Leyes de Mendel”. Las arvejas que crecían en el patio de la casa del padre Mendel comenzaron a salir –unas- de diferentes estilos y otras, idénticas a sus progenitoras. Esto lo llevó a descubrir “caracteres”, los cuales, según si el alelo (cada una de las dos formas que puede tener un gen) es dominante o recesivo, pueden expresarse de distintas maneras. Los alelos dominantes, se caracterizan por determinar el efecto de un gen y los recesivos por no tener efecto genético. De ahí que algunas arvejas fuesen distintas y otras idénticas; o que –por ejemplo-, en el caso de los humanos, el hijo de padre de ojos café y madre de ojos azules, salga de ojos café. El gen “ojos cafés” es dominante en este caso respecto del “ojos azules”.

Hoy consideramos a Mendel el “padre de la genética” pues sus experimentos fueron la primera vez que los seres humanos de forma científica manipulamos una especie para modificar su descendencia.

Los trabajos de Mendel sin embargo no fueron tomados en cuenta por sus contemporáneos hasta su redescubrimiento en el 1900, esto, entre otras cosas porque Mendel fue nombrado Abad de su monasterio y se dedicó a la religión más que a la investigación. De hecho, Charles Darwin nunca llegó a conocer los estudios de Mendel, y ni él ni Wallace (los progenitores de la teoría de la evolución) pudieron explicar cómo funcionaba el mecanismo de la selección natural que habían descubierto.

Posteriormente, durante la década de los años 50′, se logró identificar los componentes y la estructura de los ácidos nucleicos (el ADN que forma los genes), conocidos ya desde principios del siglo XX. Esto constituyó el nacimiento de la “genética molecular”. El papel exclusivo del ADN en la heredabilidad fue de esta forma confirmado y se anuncia el descubrimiento del famoso modelo de la doble hélice de ADN para representar su estructura tridimensional (cuestión que le valió el premio Nobel a algunos de sus descubridores).

Hoy, la combinación de los principios de la genética mendeliana y la teoría de la evolución de Darwin, más los estudios que se han hecho sobre el ADN, se conoce como “Teoría Neodarwiniana” o “Teoría Sintética de la Evolución”, y es la explicación no religiosa sobre el origen de la vida y de las especies más aceptada en el mundo, al punto de que la teoría de la evolución está mucho más cerca de ser una ley natural que una teoría, por cuanto solo falta por comprobar la existencia de seres que evolucionen en otros planetas para que se convierta en una ley natural de carácter “universal”.

Pero tal vez, el efecto más importante que han tenido todas estas investigaciones sea el desarrollo de la “ingeniería genética”: la manipulación directa de los genes de un organismo usando la biotecnología para modificar los genes, eliminarlos o duplicarlos, de forma tal de poder –por ejemplo- curar enfermedades, crear vegetales resistentes a plagas, nuevas vacunas, etc. y, en definitiva, modificar o crear especies.

Es así como hace más o menos una década se terminó de “mapear” el genoma humano. Un genoma es​ la totalidad del material genético que posee un organismo o una especie en particular en sus cromosomas, es decir, lo que, biológicamente hablando, lo hace ser lo que es. De ahí que hoy se hable –por ejemplo- del descubrimiento del gen que produce el autismo, la hemofilia, el asma, el cáncer de pulmón, etc. Es gracias a que conocemos el genoma humano que sabemos qué genes modificar para evitar estas enfermedades.

Sin embargo, tal vez el descubrimiento más importante en materia de ingeniería genética se ha producido en estos últimos diez años. Los científicos han podido modificar el genoma de un grupo de bacterias, por medio de corta-pega o copipasteo genético logrado con la técnica CRISPR.

Los CRISPR (en inglés: clustered regularly interspaced short palindromic repeats, en español: repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas) son familias de secuencias de ADN en bacterias. Estas secuencias juegan un papel clave en los sistemas de defensa bacterianos frente a los virus, pero lo más importante es que forman la base de una tecnología conocida como CRISPR/Cas9, que efectiva y específicamente transforma los genes dentro de los organismos. Esta tecnología es el bisturí molecular con que por primera vez se pueden cortar y pegar secuencias de genes de forma eficiente. Sin esta tecnología habríamos tardado varias décadas en poder hacer esto.

Al día de hoy las terapias génicas en desarrollo basadas en CRISPR/Cas9 se utilizan para tratar enfermedades como el cáncer, el autismo, ciertos tipos de ceguera y de atrofia muscular, pero cuestan literalmente millones de dólares y no parece que éste sea un escenario que vaya a cambiar.

Por otra parte, esta tecnología posibilitará que, en lugar de la presente reproducción biológica a que estamos acostumbrados, podría crearse un tipo de reproducción controlada, pudiendo modificarse especies o crear otras nuevas. Así, por ejemplo, usando programas computacionales para cumplir los deseos de los futuros padres, se podría elegir una edición genética para sus hijos/as (y cumplir el deseo de muchos de tener hijos/as rubios de ojos azules); o también podrían crearse razas de seres humanos, o una nueva especie homo con capacidades aumentadas: con una mayor fuerza física, con la facultad de autoregenerar sus órganos, o con una inteligencia superior.

Hasta fines de esta última década esto solo podría hacerse en complejos laboratorios con grandes inversiones patrocinadas solo por gobiernos o trasnacionales y de forma limitada. Hoy, con la tecnología de CRISPR/Cas9 es posible pensar que en un mediano plazo se podría hacer ingeniería genética de estas características hasta en pequeños laboratorios que requieren de una reducida inversión, incluso en la cocina o el garaje de la casa. A esto se le ha venido a llamar la “democratización” de la ingeniería genética.

De hecho, por internet ya se puede adquirir un kit para experimentar modificando genéticamente especies bacterianas, y ya hay quien el garaje de su casa está intentando crear una raza de perros luminiscentes, que brillen en la oscuridad. (Ver el documental: Unnatural Selection de Netflix).

Como sabemos, el ser humano cada vez que ha inventado nuevas tecnologías, las ha terminado implementando, sin escrúpulos morales o normativos que lo detengan. Por ejemplo, cuando se descubrió la energía atómica, su primera aplicación fue militar y costó la vida de cientos de miles de personas. Por lo tanto, la discusión sobre la pertinencia ética o no de la moderna experimentación en genética resulta fútil frente a la realidad de su materialización.

En 2018, He Jiankui, experto en edición genética de la Universidad Meridional de Ciencia y Tecnología de China, en Shenzhen, explica que implantó en una mujer embriones con el genoma editado para desactivar la ruta genética que emplea el VIH para infectar las células, dando vida a los primeros bebés con el genoma editado.

La modificación genética de nuestra especie (y las motivaciones para hacerlo) vendrán como siempre del lado del poder, de los que tienen más recursos, no de los trabajadores y trabajadoras, por lo que es sensato pensar que, en un futuro próximo, en este mismo siglo, los elementos más fascistas de la burguesía serán una especie distinta al Homo sapiens; una nueva especie con una mayor fuerza física e inteligencia. Nuevamente la realidad superará a la fantasía y tal como parece haberlo predicho Aldous Huxley en Un Mundo Feliz, este será un mundo de Alfas, Betas y Epsilones.

Ante este escenario, que rápidamente, y lo queramos o no, ya nos alcanza,

¿Cuál será el camino que tendrán que tomar las y los anarquistas? ¿De qué forma nos enfrentaremos a una burguesía que ya no solo nos dominará por la fuerza de las armas y la persuasión, sino que podrá determinar nuestra propia constitución biológica antes de nacer?

En un mundo dominado por la tecnología, donde –por ejemplo- los celulares ya son elementos imprescindibles en la vida social, y el proletariado se desvive para tener el último smartphone comprado en el retail ¿cómo nos enfrentaremos a una burguesía que nos controlará a través de los órganos creados genéticamente; de los corazones, riñones y pulmones de recambio necesarios para sobrevivir o para trabajar, y que podremos adquirir en “cómodas cuotas” a 10, 20 o 30 años plazo?

Y lo más importante: ¿qué estamos haciendo hoy las y los anarquistas frente a esta realidad?

Pedro Peumo.

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